domingo, mayo 2

El Capitán

Para empezar este blog he aquí una pequeña historia que escribí sobre un sueño que tuve hace ya mucho tiempo. Empieza así...


El capitán del barco era un hombre muy serio y callado. Sólo hablaba cuando hacia falta. De hecho, tardó varios días en dirigirme la palabra.
El barco era un barco cualquiera, uno muy modesto. Precisamente ese era su objetivo. Allí amarrado en el puerto no llamaba la atención. Un antiguo barco de pescadores, sujeto por viejas cuerdas, inmóvil viendo pasar el tiempo. Parecía que había sido hecho para estar allí, sin moverse de aquel lugar.
En su parte trasera tenía muchas lonas negras cubriendo cacharros y viejos trastos. En su parte delantera, pequeños ojos de bueyes iluminados mostraban que allí vivía la tripulación.
En realidad no sé muy bien porqué llegué allí, es un pensamiento muy confuso. Creo recordar que me trajo un amigo, un antiguo tripulante al que el capitán había echado. Una mujer me enseñó el barco. Ni que decir tiene que todo aquello me sigue siendo muy confuso. No recuerdo cuanta gente componía la tripulación, ni siquiera recuerdo el nombre de alguno de ellos. Apenas sólo unos rostros familiares como cortos recuerdos desvanecidos en el pasar de los años me vienen a la cabeza.
Lo que si recuerdo es que había mucha tensión. Era importante disimular bien y teníamos turnos de paseos por la cubierta para parecer una tripulación normal. Cuando el capitán tenía algo importante que decir, lo hacía dos veces. Primero a media tripulación, mientras los otros se dedicaban a disimular haciendo las faenas del barco, y después a la otra mitad.

Yo siempre supe que ese no era mi lugar. Lo que quiero decir es que realmente yo no pertenecía a aquel mundo y ni siquiera sabía con certeza cuanto tiempo estaría allí. De lo que no tenía ninguna duda era de que volvería, aunque en ese preciso instante no me correspondiera aquel lugar.
A pesar de todo, hacía falta una idea para poder llevar a cabo el objetivo y yo la tuve. Quizás ese era el motivo por el que estaba allí. Al principio nadie me hacía mucho caso, pero después de hablar varias veces con el capitán logré convencerle. El final era tan inminente que nos reunió a todos en un amplio camarote. Recuerdo que alguien se quedó en la puerta vigilando.
Allí había una vieja pizarra y tizas, así que expliqué delante de todos, en aquel mundo de fantasías y sueños, como se fabrica un barco que vaya bajo agua. Expliqué como poniendo una barca al revés, bien recubierta de resina y con sus contrapesos necesarios se podía conseguir una burbuja de aire bajo ella en la que podrían respirar varias personas.
Con el paso de los días, la idea del modelo se fue mejorando, y poco tiempo después ya se pusieron a construirlo.
No sé si consiguieron fabricarla, o si llegaron alguna vez a probarla, porque para ese tiempo yo ya había desaparecido.