jueves, septiembre 5

FC Start: el equipo que prefirió morir a perder

Si has visto la película de 1981 Evasión o victoria es posible que la historia que te voy a contar hoy te suene de algo. Y es que la famosa película protagonizada por Sylvester Stallone y Sir Michael Caine está inspirada en hechos reales que no acabaron tan bien como en la versión cinematográfica. El partido de fútbol del que vamos a hablar ha sido posiblemente uno de los más dramáticos de toda la historia de este deporte, y llevó a un equipo de fútbol de humildes panaderos ucranianos a enfrentarse en el terreno de juego al todopoderoso III Reich. Un enfrentamiento que les llevó a la muerte.

FC Start, el equipo de fútbol de panaderos ucranianos que humilló a los nazis
- Foto vía El Ciudadano -

Los ex del Dinamo de Kiev

Esta historia comienza durante la ocupación nazi de Ucrania. Tras haber invadido el país, las tropas alemanas comenzaron a enviar a sus prisioneros de guerra a la capital, Kiev. Estos prisioneros vivían como indigentes en las calles, ya que las autoridades militares no les permitían ni trabajar ni ocupar una vivienda. Entre estos prisioneros se encontraba Nikolai Trusevich, el antiguo portero y una de las estrellas del extinto equipo del Dinamo de Kiev.

La suerte para Nikolai Trusevich fue que un panadero alemán aficionado al fútbol llamado Josef Kordik se encontró con el ex-portero en la calle, y tras reconocerlo, decidió contratarlo en su negocio. Sus charlas giraban siempre sobre el fútbol y sus viejos tiempos de gloria en el Dinamo de Kiev. Tanta afición tenía el panadero al fútbol que permitió a Trusevich buscar al resto de sus compañeros en su horario laboral.
El portero recorrió lo que quedaba de la ciudad devastada día y noche, y entre heridos e indigentes fue descubriendo, uno a uno, a sus amigos del Dinamo de Kiev. Kordik les dio trabajo a todos, esforzándose para que no se descubriera el pastel. Trusevich encontró también algunos rivales del campeonato ruso, concretamente tres futbolistas del FC Lokomotiv de Moscú, y también los rescató. En pocas semanas, la panadería escondía entre sus empleados a un ex equipo profesional completo.

El panadero, encantado de contar con esos jugadores en su negocio, les propuso volver a jugar. Como el extinto Dinamo de Kiev estaba clausurado y prohibido, decidieron crear un nuevo equipo de fútbol, al que llamaron FC Start. Pronto comenzaron a jugar en pequeñas ligas contra equipos compuestos por miembros del ejército de ocupación nazi.

El 7 de junio de 1942 jugaron su primer partido. Los futbolistas del FC Start, pese a estar es malas condiciones físicas e incluso algo desnutridos, vencieron 7-2. Su siguiente rival fue el equipo de una guarnición húngara, los cuales tampoco opusieron mucha resistencia y cayeron goleados por los ucranianos 6-2. Posteriormente y ya con mejor condición física, les metieron 11 goles a un combinado rumano reforzado por varios alemanes. Lo que en principio era una especie de pasatiempo durante yugo nazi, se estaba empezando a convertir en un estorbo para la supremacía de los alemanes en Ucrania. Aquel equipo, el FC Start, se había convertido en un ejemplo de orgullo y en un símbolo de resistencia. Estaban jugando con fuego.

Durante el verano de 1942 el FC Start siguió machacando rivales. El 17 de julio fulminaron 6 a 0 a un equipo integrado por soldados alemanes. Unos días después, el III Reich los "invitó" a enfrentarse al MSG húngaro al que vencieron 5 a 1 y, dos días más tarde en una revancha 3-2.

El 6 de agosto de ese año, los miembros del FC Start se enfrentaron a un equipo invicto formado por miembros de la Flakelf  -las fuerzas aéreas alemanas- y reforzado por varios futbolistas profesionales de Baviera. Los oficiales alemanes "aconsejaron" al FC Start que no se emplearan a fondo, y el árbitro fue designado a dedo, con la recomendación de mirar para otro lado en caso de que los alemanes cayeran en el juego brusco. El FC Start recibió patadas a diestro y siniestro sin rechistar, pero ganaron 5-1 a los alemanes.

Recreación del partido entre la Flakelf (camisa blanca) y el FC Start (camisa roja)
- Foto vía Kino-Teatr -

Los periódicos locales de la Ucrania ocupada no dijeron nada sobre el partido y los propios futbolistas se reunieron en la panadería, temiendo que sus vidas tuvieran las horas contadas. Pero los nazis seguían queriendo demostrar algo y les informaron que el 9 de agosto jugarían un "partido definitivo" de revancha. Un ultimátum en toda regla.

9 de agosto de 1942: El partido de la muerte

El domingo 9 de agosto el Zenit Stadio estaba a rebosar. Las tribunas estaba ocupadas por oficiales nazis y el graderio por miles de ucranianos, limitados por vallas de espinas y varias decenas de soldados nazis. Antes del choque, un oficial de las SS entró en el vestuario ucranio, miró a los prisioneros de guerra y se dirigió a ellos en ruso, utilizando un tono autoritario y solemne:

- Soy el árbitro, respeten las reglas y saluden con el brazo en alto. Es una orden.

Los alemanes - camiseta blanca y pantalón negro- saltaron al campo, presentaron formación y saludaron a las autoridades del palco con el brazo en alto. Todos gritaron "¡Heil Hitler!". Pero los desafiantes ucranianos - camiseta roja y pantalón blanco- no pusieron precio a su dignidad: Saltaron al campo, presentaron formación en fila india, alzaron el brazo y gritaron "¡FizcultHura!" que significa "¡Viva el deporte!", el lema de los equipos soviéticos.

Por no dejarse ganar ante los nazis, los jugadores del FC Start fueron
asesinados o enviados a campos de concentración.
Con una tensión que se palpaba en al aire comenzó el encuentro. Se adelantaron los alemanes, pero el FC Start reaccionó con varias jugadas de contragolpe y consiguió darle la vuelta al marcador, marchándose al descanso con 3 a 1 a su favor. En los vestuarios se presentaron varios oficiales de las SS amenazándoles con matarles si salían a jugar la segunda parte. Sin embargo, los jugadores del FC Start decidieron saltar al terreno de juego. Cada equipo marcó dos goles más en la segunda parte. Con 5-3 a favor de los presos y ya el la recta final del partido, el habilidoso Alexei Klimenko logró colarse entre la defensa rival y regateó al portero quedándose sólo ante la línea de gol. Pero en vez de marcar, se dio la vuelta y chutó hacia el público. Las gradas repletas de ucranianos del estadio Zenit se venían abajo. Klimenko había machacado el orgullo alemán, y el árbitro pitó el final antes de llegar a los 90 minutos. El comandante de ocupación alemana que presidia el partido abandonó el estadio absolutamente avergonzado e insultado.

Pocos días después la Gestapo intervino. Los jugadores fueron torturados (algunos murieron en el proceso) y los restantes fueron enviados a campos de concentración donde muchos también fallecieron. Se tardarían 16 años en conocerse la historia de este partido de fútbol.